A
raíz de mi enfermedad me di cuenta de que la vida me estaba poniendo a prueba,
de que algo me estaba diciendo en aquellos momentos: frena Cristina, valora la
vida, lo que tienes, lo que eres, los que te quieren, lucha, lucha y lucha y
saldrás de esta.
La vida ahora la vivo diferente, cualquier
pequeño detalle lo vivo con más intensidad y valoro más a las personas que
tengo a mí alrededor. Se puede decir que
ahora soy infinitamente más feliz que antes de la enfermedad, esa es la
realidad. A veces pienso que es tremendo que tenga que pasarte algo así para
que valores más la vida y veas lo que realmente importa.
Ahora
solo intento olvidar lo malo y recordar lo bueno, olvidar el día que me dijeron
que tenía esta enfermedad, el día que me dieron las pautas a seguir, los días
que pase lejos de los míos porque así lo requería el tratamiento, y sobretodo
olvidar el sufrimiento que he visto en las caras de quienes me quieren, eso fue
lo más duro, pues mis heridas ya están curadas. Y me quedo con que estoy viva,
con que ahora soy mejor persona (y por supuesto mucho más fuerte), con las
personas tan maravillosas que he conocido, tanto personal sanitario como
pacientes, con el cariño y apoyo de las personas que me han acompañado en este
viaje y me han dado tantas fuerzas, y me quedo con mi mayor recompensa a toda
esta historia: LA VIDA.
Con
mi testimonio quiero animar a todo aquel que esté
pasando por esta situación, decirle que se puede salir, que hay que ser fuerte
y positivo. Escucharán esto mil y una veces pero es la pura
verdad. Lo que a mí me funcionó verdaderamente bien era que no paraba de hacer
planes y siempre intentaba mantener una sonrisa. Yo vomitaba y después me ponía
a hablar, como si nada pasara. Es la forma de poder sentirte algo mejor y ver a
los tuyos algo mejor también. Aunque suene raro, he sido feliz durante la
enfermedad, a pesar de todos los obstáculos, y lo sigo siendo porque la vida me
ha dado una segunda oportunidad, aunque aún me queda aprender a vivir con la
experiencia y algunas secuelas que espero se vayan solucionando con el tiempo.
Lo que sí tengo claro es que no pienso que esta experiencia arruine ni uno sólo
de mis sueños.
Por
último, quiero dar las gracias desde aquí a mi familia, que me han cuidado y
sufrido conmigo durante todo este periodo. Os quiero más que a nada en el
mundo. También al resto de familia y amigos/as que siempre estuvieron y están
ahí, y por supuesto al equipo de Hematología que me siguen cuidando.